TODOS NECESITAMOS PERDÓN

Cuenta la historia bíblica que una mujer acusada por adulterio fue presentada a Jesus. Según las leyes de su país debía morir apedreada. Jesús desafía la norma, las costumbres y la moral de sus tiempos: quien no tiene pecado que tire la primera piedra.

La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante y Jesús que guarda un silencio sorprendente.

En esos tiempos la mujer era vista como fuente de impureza ritual, los varones las consideraban como ocasión y fuente de pecado.

Luego que Jesús dice: el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. Los acusadores se retiran, pero la mujer no se ha movido. No se siente todavía liberada. Jesús le dice «Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más».

Lo que la mujer adúltera necesitaba no eran piedras sino una mano amiga que la ayudara a levantarse. Jesús se dirige a aquella mujer humillada con ternura y respeto. Confía en ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar.

El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que «Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva».

Veinte siglos después, seguimos viviendo en una sociedad donde con frecuencia la mujer no puede moverse libremente sin temer al varón.

La violación, el maltrato y la humillación constituyen una de las violencias más arraigadas y que más sufrimiento genera.

Las corrientes feministas más radicales plantean el problema de la mujer en términos de lucha y combate. Es comprensible que, al tomar mayor conciencia de situaciones y comportamientos discriminatorios, se despierten en bastantes mujeres el resentimiento, la ira o la agresividad.

La revalorización de lo femenino y la igual en la dignidad de la mujer es tarea de todos, mujeres y varones, pues es enriquecedora para toda la humanidad.

La violación, el maltrato, la humillación, el tráfico de mujeres y el feminicidio empobrecen la dignidad de la mujer. Pero también empobrecen la dignidad del varón, al quedar privado de la debida aportación de la mujer.

DIOS SIEMPRE COMPRENDE NUESTRA DEBILIDAD

En esa actitud de Jesús con la mujer pecadora, el creyente descubre el rostro verdadero de Dios y escucha un mensaje de salvación que se puede resumir así: «Cuando no tengas a nadie que te comprenda, cuando los seres humanos te condenen, cuando te sientas perdido y no sepas a quien acudir, has de saber que Dios es tu amigo. El está de tu parte. Dios comprende tu debilidad y hasta tu pecado.»

Esa es la mejor noticia que podíamos escuchar los seres humanos:

  1. Frente a la incomprensión, los enjuiciamientos las condenas fáciles de las gentes, siempre PODEMOS ESPERAR la misericordia y el amor insondable de Dios.
  2. Allí donde se acaba la comprensión de los hombres, sigue firme la comprensión infinita de Dios.
  3. Esto significa que, en todas las situaciones de la vida, en toda confusión, en toda angustia, siempre hay salida.
  4. Nadie puede impedirnos vivir apoyados en el amor y la fidelidad de Dios.