jueves , diciembre 1 2022

NO A LA INDIFERENCIA

Había una vez un hombre de nombre Lázaro que vivía, y murió tirado en la puerta de un rico lleno de lujos. Nadie le ayuda. Sólo unos perros se le acercan a lamer sus heridas: su nombre es «Lázaro» o «Eliezer», que significa «Mi Dios es ayuda».

El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. La historia termina con un juicio.

HEMOS REDUCIDO EL HAMBRE Y EL SUFRIMIENTO A DATOS ESTADÍSTICOS

El Rico es juzgado por lo que hizo en vida. No se le juzga por explotador, sino por su apatía, no se le juzga por abusivo y arrogante sino por su falta de sensibilidad con el sufrimiento ajeno.

En nuestra época la apatía y la insensibilidad están maquilladas y disfrazadas. En esta época de las comunicaciones hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a datos, a números y estadísticas.

Los medios de comunicación, y el mundo de las noticias maquilladas nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón.

Así los medios nos alejan del sufrimiento ajeno. Si el sufrimiento se produce lejos de nosotros es mejor, y más fácil.

Pero Jesús está recordándonos que ahí está Lázaro. Los lazaros de hoy, tienen rostro concreto, nombre y apellido.

Hoy hay lazaros que viven en una total pobreza: enfermos, hambrientos, excluidos, ignorado por quien le podría ayudar. Su única esperanza es Dios.

VIVIMOS ENCERRADOS EN NUESTRO CONFORT

A lado de estos Lázaros de hoy, viven personas que han llegado a la zona del confort. Se sienten seguros, viven en la inconsciencia total, enceguecidos por las leyes del mercado.

Son personas que se han acostumbrado a vivir sin escuchar la ansiedad y frustración de tantos hombres y mujeres que viven soñando con tener una comida digna. Y muchos otros estamos acostumbrándonos a este confort.

Jesús nos dice que es inhumano encerrarnos en nuestra “sociedad del bienestar” ignorando totalmente esa otra “sociedad del malestar”.

ROMPER LA INDIFERENCIA

Jesús de Nazareth, el Papa Francisco y Monseñor Ricardo Centellas en su reflexión nos proponen romper nuestra indiferencia.

El papa nos invita a decidirnos por una conversión: De la Indiferencia a la compasión; del Derroche al Compartir, del individualismo a la fraternidad.

Monseñor Centellas nos dice: que la indiferencia tiene consecuencias graves y no impide crecer como seres humanos. Lo contrario compartir como fruto de un crecimiento personal, no para manipular. Que Dios nos aleje de la indiferencia del sufrimiento de la familia, de los pobres. Que Dios ayude a crecer en la cercanía con los demás.

Nuestra primera tarea es romper la indiferencia. Resistirnos a seguir disfrutando de un bienestar vacío de compasión.

Jesús está sacudiendo la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en el confort, sin que nada nos falte.

Nos sacude la conciencia de los nos hemos habituando a la tragedia que viven tantas familias víctimas de la falta de trabajo, de la injusticia, de la inseguridad laboral, de la vida del día a día.