jueves , diciembre 1 2022

LA FE SE DEBILITA

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron a Jesús que les aumente la fe.

Es una petición que hoy todos podríamos repetirla. Y nos haría mucho bien.

En nuestros días la petición seria de este modo:

Nuestra fe es débil, aumenta nuestra fe.

Ayúdanos a vivir humildemente nuestra fe con pasión por Dios y compasión por el ser humano.

Despierta entre nosotros la fe de los testigos y los profetas.

Enséñanos a vivir un cristianismo que de sabor a la vida, como la sal que la da a la comida

No nos dejes caer en un cristianismo sin cruz y sin resurrección

Enséñanos a vivir una fe, apoyados en tu presencia viva en nuestros corazones y en nuestras comunidades creyentes.

Haznos vivir una relación más vital contigo, sabiendo que tú eres nuestro Maestro.

Haznos vivir identificados con tu proyecto del reino de Dios

Que nuestra fe nos de convicción realista para ayudar a construir una vida más humana.

Enséñanos a descubrir que la fe no consiste en creer en el Dios que nos conviene, hecho a nuestra medida

Danos la fe madura para creer en ese Dios que fortalece nuestra responsabilidad y desarrolla nuestra capacidad de amar.

Hablamos que hay creyentes y no creyentes

Pensamos que somos dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no.

Tenemos que reconocer que en nuestro corazón coexisten a la vez, un creyente y un no creyente.

LA FE SE DEBILITA

La fe se debilita entre los que creen y  también en aquellos que decimos creer.

Tenemos que está en función a una fiesta religiosa, en la misa de almas, en la misa dominical, en un bautismo, etc

Ese tipo de fe puede irse diluyendo poco a poco, reducida sencillamente a una costumbre.

La fe de algunos creyentes se reduce a cumplir con la lectura de la biblia, sin apenas entenderla, y mucho menos descubriendo el mensaje liberador de Dios.

Algunos estamos distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.

La fe de algunos se reactiva cuando estamos en dificultades, cuando tenemos problemas. Acudimos a Dios para consolarnos, para pedir, para justificar nuestros errores, en fin.

Esas son señales que tenemos una fe débil, que no la cuidamos, ni la cultivamos.

La verdad es que casi todos tenemos una fe pequeña y débil.

Necesitamos confiar más en Dios y creer más en Jesús.