jueves , diciembre 1 2022

LA COP 27 CREARA FONDO PARA LOS VULNERABLES

La Cumbre de Egipto estuvo tan cerca de acabar en un rotundo y escandaloso fracaso. La cumbre más tensa y enrarecida de los últimos veinte años se ha cerrado con un acuerdo de última hora que admite, por fin, la creación y puesta en marcha del tan esperado fondo de compensación por pérdidas y daños para ayudar a «los países en desarrollo que son particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático».

El acuerdo, bautizado como plan de implementación de Sharm El-Sheij, mejorará la capacidad de adaptación de las personas que viven en las comunidades que se están viendo más afectadas por la crisis climática con el horizonte en el 2030.

El documento, consensuado por las delegaciones de los casi doscientos países participantes, atiende así la demanda de financiación para la adaptación, pérdidas y daños, que ya aparece recogida y valorada en el Acuerdo de París y que fue refrendada en la anterior Cumbre de Glasgow (COP26).

Pero no establece cantidades concretas ni plazos de pago, tampoco especifica quién deberá asumir los costes (alude a «fuentes de financiación innovadoras») ni a quien beneficiarán.

En sus declaraciones tras el cierre de la cumbre, el Secretario General de la ONU, António Guterres, reconocía el «importante paso dado en justicia climática», pero lamentaba, con un claro gesto de desengaño, que «claramente esto no será suficiente para reconstruir la confianza rota», ya que «el mundo necesita un salto de gigante en ambición climática» y esta cumbre ha supuesto tan solo un pequeño paso.

La industria de los combustibles fósiles y los estados que la apoyan acudieron a Sharm El-Sheij con el firme propósito de debilitar el discurso sobre la necesidad de atajar el consumo de combustibles fósiles y reducir las emisiones gases con efecto invernadero (GEI). Y lo han conseguido.

Tal y como exigían los países de la OPEP, con la intransigente delegación saudí al frente, el acuerdo final de la COP27 incluye el concepto mágico de una supuesta «energía de bajas emisiones» para justificar el desarrollo de nuevos combustibles fósiles en lugar de hablar de su reducción gradual, en contra del criterio científico y de lo que defiende la propia Agencia Internacional de la Energía.

El acuerdo final no obliga a aumentar los compromisos de los planes nacionales para reducir las emisiones de GEI, lo deja en un ambiguo llamamiento a «revisar y fortalecer» esos compromisos antes de la próxima cumbre. Tampoco alude a la necesidad de reducir el consumo de combustibles fósiles para contener dichas emisiones.

Y es cierto que permanece el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5 grados centígrados, tal y como se acordó en la Cumbre de Glasgow (COP26), pero no lo sitúa en el centro de la agenda climática, quizá porque lograrlo exigiría atender la petición de la ONU de reducir las emisiones de GEI del 45% de aquí a 2030.

Como reconocía la delegación europea al final de la cumbre, lo cierto es que, pese al avance (no definitivo) para crear el fondo de compensación por pérdidas y daños, en esta COP «hemos perdido velocidad respecto a Glasgow».

El mundo se encuentra en una década crítica para la acción climática, ya que, con los compromisos actuales, avanzamos hacia un calentamiento de 2,5 °C para finales de siglo.

La próxima cumbre (COP28) se celebrará en Emiratos Árabes, será interesante ver a quien se escoge para ejercer el brillante papel desempeñado en esta por Sameh Shoukry.