OPINION

Por lo general, solemos confundir AUTORIDAD CON PODER, pues normalmente toda autoridad necesita para ser ejercida un cierto poder.

Por lo general, solemos confundir AUTORIDAD CON PODER, pues normalmente toda autoridad necesita para ser ejercida un cierto poder.

No podemos ocultar que en todo el mundo estamos viviendo una grave crisis de autoridad.
¿Qué autoridad pueden tener las palabras de muchos políticos, dirigentes o responsable civiles y religiosos, si no están acompañadas de un testimonio claro de honestidad y responsabilidad personal?
Sin embargo, hay personas que tienen autoridad no porque estén investidas de poder o se les haya encomendado una función social, sino porque su manera de ser y de vivir es reconocida y aceptada por los demás.
Son personas que irradian autoridad. No se imponen por su poderío o su fuerza. Es su vida la que atrae y deja huella profunda en quienes los conocen o tratan.
Las buenas noticias de ayer y hoy nos recuerdan que Jesús enseña con autoridad.
Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes.
Se trata de una enseñanza que nace del amor real a las personas.
Su palabra liberaba a las personas de «espíritus malignos».
No enseña para controlar el comportamiento de la gente. No utiliza la coacción ni las amenazas.
Su enseñanza busca aliviar el sufrimiento y curar heridas,
Su enseñanza quiere promover una vida más sana.
Jesús no genera sumisión, infantilismo o pasividad.
Libera de miedos, infunde confianza en Dios,
Anima a las personas a buscar un mundo nuevo.
Por eso es el momento de recuperar el estilo de enseñar de Jesús
Las palabras de enseñanza al estilo de Jesús han de ser dichas después de una atenta escucha del sufrimiento de los pobres, no antes.
Ha de ser cercana, acogedora, capaz de acompañar la vida doliente del ser humano.
Necesitamos una enseñanza nacida del respeto y la estima positiva de las personas, que genere esperanza y cure heridas.

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