OPINION

Para Jesús hay algo que está por encima del puro cariño familiar: es el reino de Dios y su justicia, que hoy se traduce en crear una familia humana fraternal.
Jesús nos exige, nos pide una libertad crítica ante la familia.
Cuando la familia impide la solidaridad y fraternidad con los demás y no deja a sus miembros trabajar por la justicia querida por Dios entre los hombres, hay que optar por él, aunque ello traiga consigo conflictos y tensiones familiares.
En nuestros días hay diversos tipos de familias.
Hay familias abiertas al servicio de la sociedad; y familias replegadas sobre sus propios intereses, hay familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad, hay familias liberadoras y familias opresoras.
Que diría Jesús de nuestras familias hoy
Imagínese en este momento a Jesús diciéndole a usted, si quieres a tu papa o a tu mamá más que a mí, no eres digno
de mí.
¿Qué diría Jesús de esas familias donde se orienta al hijo hacia un clasismo egoísta, hacia una competencia feroz?.
Qué diría Jesús de las familias que tienen una vida bien instalada y segura; con un ideal del máximo lucro, olvidándose de todo lo demás?
Que diría Jesús de una familia que está educando y estimulando a sus hijos para la competencia y rivalidad, y no para el servicio y la solidaridad?
Si la familia se convierte en obstáculo, Jesús exigirá la ruptura y el abandono de esa relación familiar, porque para Jesús lo decisivo no es la familia de carne, sino esa gran familia que hemos de construir entre todos sus hijos e hijas colaborando con Jesús en abrir caminos al reinado del Padre.
Jesus impulsaría una familia donde las nuevas generaciones pueden escuchar las buenas noticias de Jesús.
Por eso, dos mil años después tal vez Jesús nos haría la siguiente pregunta: ¿nuestros hogares son una escuela de valores evangélicos como la fraternidad, la búsqueda responsable de una sociedad más justa, la austeridad, el servicio, la oración, el perdón?
José Blanco

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