OPINION

Hay una historia muy contada, sucedió hace más dos mil años. Es la historia de dos hombres que caminaban hacia su casa; estaban tristes y desolados. Conversaban y discutían sobre Jesús, recordaban sus palabras y sus hechos. En ese trajín ese hombre que había sido crucificado hace pocos días, se les acercó y se puso a caminar con ellos.

Esa experiencia de dos amigos de Jesús es la experiencia de muchas personas hoy. Todos estamos en camino, la vida es un caminar.
En ese caminar cotidiano muchos de nosotros lo hacemos solos, o pensamos que estamos solos, ni sospechamos que Dios camina a nuestro lado.
Una de nuestras equivocaciones más graves es imaginar a Dios como un ser distante. No somos capaces de encontrar su presencia cercana y amistosa en nuestro camino diario, en el interior mismo de nuestra vida cotidiana.
Otra equivocación es nuestra manera de vivir: vivimos de manera tan apresurada, y ocupados por tantas cosas que no nos queda tiempo ni espacio para detenernos a escuchar nuestro propio corazón. Nos dejamos consumir por el trajín de cada día, y así se va atrofiando poco a poco nuestra capacidad de encontrarnos con Dios.
En este caminar cotidiano es importante redescubrir que Jesús camina a nuestro lado, así como caminó a lado de los dos discípulos de Emaús
Dios está en nuestras desilusiones, en nuestras limitaciones y nuestro cansancio, en las amarguras y los roces de la vida ordinaria.
Dios camina con nosotros en nuestro aburrimiento y la monotonía de cada día, en el descontento de nosotros mismos.
Cuando experimentamos en nosotros esa tristeza que penetra en nuestra vida sin causa razonable; en esa insatisfacción interior está Dios como anhelo de una felicidad y vida infinitas.
Al igual que los amigos de Jesús muchas personas vivimos con miedos y decepcionados. Ante esta tentación del miedo y la decepción la reacción más común es abandonarlo y dejarlo todo.
Ante los problemas, las desilusiones de la vida, la forma más fácil de afrontarlos es el abandono y la huida.
La presencia de Jesús en medio de los discípulos de Emaús significó fortaleza y esperanza. Hoy se hace necesario encontrarnos con Jesús. Encontrarse con Jesús significa hacer arder el corazón. Ese encuentro nos hacer ver que la solución no está en abandonar sino encontrar un lugar donde poder compartir y reavivar nuestra esperanza.

0
0
0
s2smodern