EVANGELIZACION

En esta fiesta de Corpus Christi, les propongo hacernos una pregunta: ¿podemos los cristianos extraer de la Eucaristía dominical aliento y alegría para vivir mejor?

En Corpus Christi recordamos la última comida de Jesús con sus amigos. Los primeros cristianos se reunían en torno a una cena para continuar conmemorando esa última cena. Que misterio encierran esas prácticas cristianas de miles de años
En el fondo de esa cena hay mensajes y enseñanzas de Jesús que jamás serán olvidados:
En el centro de toda comunidad cristiana que celebra la eucaristía está Cristo vivo y operante y los cristianos son invitados a «comer». Aquí está el secreto de su fuerza.
Es el milagro de la eucaristía, que en miles de años reúne a los cristianos para seguir reuniéndonos en nombre de Jesús, para comulgar son su mensaje, con su proyecto de vida.
Sus seguidores no quedarán huérfanos. Nadie ha de sentir el vacío de la ausencia de Jesús.
Para ser amigos de Jesús necesitamos acercamos a comulgar con él identificándonos con su estilo de vivir.
Ninguna otra experiencia nos puede ofrecer alimento más sólido.
Para alimentar nuestra adhesión a Jesucristo, necesitamos reunimos a escuchar sus palabras e introducirlas en nuestro corazón
No hemos de olvidar que «comulgar» con Jesús es comulgar con alguien que ha vivido y ha muerto «entregado» totalmente por los demás.
Bien celebrada, la eucaristía nos moldea, nos va uniendo a Jesús, nos alimenta de su vida, nos familiariza con el evangelio, nos invita a vivir en actitud de servicio fraterno, y nos sostiene en la esperanza del reencuentro final con él.
Alimentar nuestras prácticas dominicales
Los cristianos católicos hemos destinado el día domingo para reunirnos y cumplir con la tarea de alimentar nuestra fe en Dios. En Corpus Christi tenemos una oportunidad para que los cristianos re interpretemos nuestras prácticas dominicales.
Durante muchos años en muchas familias hemos mantenido la práctica de los domingos para ir a misa; pero no en pocas familias esa práctica fue desapareciendo.
Tal vez ahora debíamos re aprender a darle mayor importancia a esas prácticas. Enumeremos algunas ventajas humanas que fortalecen nuestra práctica dominical:
Los domingos de misa podrían ayudar a recuperar el sosiego y reavivar el aliento interior.
Los domingos de misa podrían ayudarnos a ser un poco más «nosotros mismos», fuera de la rutina y el trabajo.
Celebrar la misa nos ayudaría a encontrarnos con la vida, no por medio del trabajo, sino del disfrute y de la contemplación.
El domingo de misa puede animar y dar un sentido más hondo a esa otra dimensión del fin de semana que es la comunicación entrañable y gratificante con amigos y familiares.
En la misa podemos encontrarle el sentido al fin de semana, que puede ser experiencia de encuentro y comunión de hermanos.
En esta fiesta de Corpus Christi, les propongo hacernos una pregunta: ¿podemos los cristianos extraer de la Eucaristía dominical aliento y alegría para vivir mejor?
Podemos experimentar las palabras de Jesús: El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 

José Blanco

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