ENTREMOS EN LA ESCUELA DEL ESPIRITU DEL AMOR

La Iglesia Católica en todo el mundo celebró la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, la fiesta del nacimiento de la Iglesia.

En su habitual reflexión dominical, el papa Francisco resalto la vivencia constante del ser humano que vive entre el espíritu que le inspira a realizar cosas negativas y el espíritu de Dios que le recuerda permanentemente las enseñanzas de Jesús en la vida cotidiana.

EL ESPIRITU DEL MAL

El espíritu del mal entra en juego allá donde nosotros lo dejamos actuar:

Cuando tenemos sentimientos negativos: de amargura, pesimismo y pensamientos tristes. El espíritu del mal  alimenta la impaciencia, el victimismo. Hace sentir la necesidad de auto compadecernos y de reaccionar a los problemas criticando, y echando toda la culpa a los demás. Nos vuelve nerviosos, desconfiados y quejosos.

El espíritu del mal nos ancla en el pasado, en los remordimientos, en las nostalgias y en aquello que la vida no nos ha dado. Nos proyecta hacia el futuro, alimentando temores, miedos, ilusiones y falsas esperanzas.

LA ESCUELA DEL ESPIRITU SANTO

Para superar el espíritu del mal es necesario que «entremos en la escuela del Espíritu Santo”.

El Espíritu Santo, nos hace reaccionar, nos invita a no perder nunca la confianza y a volver a empezar siempre. Haciendo que tomemos la iniciativa, sin esperar que sea otro el que comience.

El Espíritu Santo transforma las heridas que tenemos dentro. Nos ayuda a no desfallecer ante los muchos problemas,

El Espíritu Santo cura heridas y preocupaciones, que creemos no se resuelven con consuelos fáciles. Nos enseña a no suprimir los recuerdos de las personas y de las situaciones que nos han hecho mal, sino a dejarlos habitar por su presencia.

El Espíritu Santo sana los recuerdos. ¿Cómo? Dándole importancia a lo que cuenta, es decir, el recuerdo del amor de Dios y su mirada sobre nosotros.

De este modo pone orden en la vida; nos enseña a acogernos, a perdonarnos a nosotros mismos y a reconciliarnos con el pasado. A volver a empezar.

El Espíritu nos recuerda que, sin el amor en el centro, todo lo demás es vano. Y que este amor no nace tanto de nuestras capacidades, sino que es un don suyo.

El Espíritu de amor es el que nos infunde el amor, Él es quien nos hace sentir amados y nos enseña a amar.

El Espíritu Santo es una memoria activa de Dios. Nos recuerda todas las palabras de Jesús. Es una memoria que enciende y reaviva el amor de Dios en nuestro corazón.