CARAVANA LATINOAMERICANA EXIGE A EUROPA DESINVERTIR EN PROYECTOS DE MEGAMINERÍA

Comunidades destruidas, polarizadas y enfermas, miles de hectáreas de bosques y selvas devastados, ríos y lagunas contaminadas, fauna y flora desaparecidas.

Cochabamba, 4 de abril 2022.- Este el panorama que la “Caravana Latinoamericana por la Ecología Integral en Tiempos Extractivistas” ha presentado y continuará presentando a las organizaciones eclesiales y civiles de Europa para que se solidaricen con una oscura realidad de millones de personas que hoy día ven sus vidas amenazadas por el extractivismo mineral indiscriminado, por las multinacionales de la minería que van dejando escoria y muerte a su paso por América Latina.

Llegó a Roma una delegación de la Red de Iglesias y Minería y de las pastorales ecológicas de varios países de América Latina que, junto a las víctimas del extractivismo.

Alemania, Bélgica, Italia, y luego Austria y España son las etapas del viaje de líderes comunitarios, agentes pastorales, laicos, un sacerdote y el obispo de Brumadihno (Brasil), monseñor Vicente Ferreira en una caravana, que inició el domingo 20 de marzo, para hablar de la megaminería y sus consecuencias, pero sobre todo para llamar a una toma de conciencia sobre que lo significa para millones de personas que diariamente conviven o viven de las más de 300 explotaciones mineras actualmente activas en América Latina.

Desinvertir en políticas de muerte

“El objetivo es entrevistarnos con distintas personas y organismos de orden internacional para promover una campaña de desinversión económica en contra de la mega minería extractivista, qué afecta grandemente la calidad de vida en muchos países de Latinoamérica”. Así lo declara a Vatican News el padre Juan Carlos Osorio Arenas, de la Diócesis de Caldas, en Antioquia (Colombia), integrante de la caravana en su paso por Roma.

Desde el sur de Argentina hasta el norte de México cientos de comunidades son “afectadas terriblemente por estas multinacionales mega mineras extractivistas que llegan hasta nuestros territorios, con anuencia de los Estados y gobiernos ávidos de recursos financieros,  para saquear los recursos minerales” y dejar a la población empobrecida.

Pedro Sánchez, miembro de la Red nacional de la pastoral ecológica de Ecuador y miembro de la Red Iglesia y Minería, integrante de la “Caravana Latinoamericana por la Ecología Integral en Tiempos Extractivistas”, es aún más enfático al hablar con Vatican News sobre las “ocultas” o “ignaras” inversiones en proyectos megamineros.

“Nuestra principal demanda está enfocada hacia las entidades religiosas, en las entidades de las iglesias locales de Europa (…) Les estamos pidiendo que tengan mayor cuidado sobre dónde están colocando sus inversiones, porque en el Sínodo de la Amazonía, los indígenas dijeron y pidieron a nuestros obispos,  a nuestras conferencias episcopales que, por favor, tengan cuidado donde invierten su dinero porque, muchas veces, los bancos donde depositan sus fondos van a parar finalmente a las empresas mineras, a las empresas petroleras, que están acabando con la Amazonía, que están acabando con nuestras comunidades”, advierte Sánchez.

“Seamos más coherentes si queremos defender la casa común, si queremos asumir el llamado de la Laudato si’, tengamos mucho cuidado también y hagamos la desinversión en estos proyectos”.

Este el llamado de Sánchez al destacar que las reuniones con las entidades eclesiales han sido muy positivas, se ha llevado a una toma de conciencia, pero también a una “relación de amistad, de fraternidad, de hermandad en Europa, con comunidades de fe que son solidarias con las comunidades latinoamericanas afectadas por la minería”.

“Mucha gente, evidentemente, desconoce las angustias y los problemas, los dolores que está causando la megaminería en Latinoamérica”.

El coordinador de comunicaciones de la caravana agrega que ha causado a veces sorpresa el testimonio de las víctimas que participan en la caravana, gente que tiene familiares, hijos, padres, hermanos, amigos que han muerto, por ejemplo, en Brumadinho y en otras localidades, como consecuencia de la ruptura de los diques, por desechos tóxicos o por enfermedades causadas por la explotación minera indiscriminada.

“Digamos – concluye Sánchez – que se está creando como una gran comunidad, se va construyendo sinodalidad y fraternidad”.

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