sábado , septiembre 24 2022

APRENDER A DETENERNOS PARA REFLEXIONAR

Hace dos mil años Jesús enseño a detenernos a reflexionar para tomar decisiones. Puso dos ejemplos: para construir una torre el constructor calcula para ver si puede terminarla. Al igual que un rey antes de ir a una batalla primero delibera si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

En los dos ejemplos, los personajes, antes de tomar decisiones, «se sientan» a reflexionar sobre las verdaderas exigencias, los riesgos y las fuerzas con que han de contar para llevar a cabo su cometido.

Así debía ser la vida, para construir una familia, una sociedad mejor es necesario sentarnos a meditar, a debatir, a reflexionar, a evaluar lo que somos y lo que hacemos. De lo contrario, ese proyecto de vida, de familia, de matrimonio, de trabajo que tenemos puede quedar inacabado, frustrado.

Sin embargo muchas personas vivimos sin detenernos para preguntarnos por el sentido de la vida o para reflexionar sobre el rumbo que vamos tomando con el pasar de los años.

No conocemos esa sabiduría de quien se retira de vez en cuando a la soledad o, simplemente, se recoge en su habitación para «meditar» su vida.

En esa acción de detenernos y meditar, más que discurrir lo que necesitamos, tal vez, es mirar y aceptar con verdad nuestro ser. Es acoger con sencillez nuestra vida cotidiana sin perdernos en la agitación de cada día.

El maestro nos propone detenernos para enfrentar nuestra vida con lucidez y responsabilidad, sin agitarnos ni desanimarnos.

Por eso vale la pena aceptar la propuesta de Jesús que nos dice que debemos aprender a detenernos, sentarnos y meditar, reflexionar sobre el sentido de nuestra vida.