AMAZONIA: TRABAJANDO PARA SALVAR LAS TORTUGAS

El proyecto “Pé-de-Pincha” de la Universidad Federal del Amazonas, en colaboración con el Instituto Brasileño del Medioambiente, busca proteger las tortugas.

Radio Pío XII, 24 de marzo 2022.- La carne y los huevos de los quelonios amazónicos, como los de las tortugas y los tracajás (terecay), siempre han sido muy apreciados por el ser humano y forman parte de la dieta de los “ribeirinhos” como una importante fuente de proteínas, especialmente durante la época seca de los ríos.

El problema no es tanto el consumo con fines de subsistencia como la caza depredadora, el comercio ilegal y la venta en los grandes centros urbanos de la región, como Manaus, Santarém, Belém y Tefé. Una práctica bárbara y sistemática desarrollada por los traficantes de quelonios, que amenaza con la extinción de estos ejemplares y provoca la destrucción de su hábitat natural.

El proyecto “Pé-de-Pincha” nació en 1999 en la ciudad de Terra Santa, en Pará para proteger el lago Piraracá de la invasión de los barcos y de las grandes redes de pescadores. Involucra a las comunidades en todas las fases del proceso, después de un período de formación y práctica, ofrecidas por la universidad.

“Pé-de-Pincha” es un programa de gestión comunitaria de los quelonios que, en 22 años de actividad, ya ha devuelto a la Tierra más de 6 millones de crías de quelonios en un área dividida en 18 municipios, 15 en el Estado de Amazonas, 3 en el Estado de Pará, y habitada por 122 comunidades diferentes.

LOS QUELONIOS

Son reptiles a los que pertenecen tanto las tortugas marinas como las de agua dulce. Estos animales son fácilmente reconocibles porque tienen un caparazón, una especie de concha ósea, que los protege de los depredadores. Actualmente hay más de 250 especies.

Los protagonistas de nuestra historia son los «bichos de casco», como se les llama en la región, popularmente conocidos como «tracajás», tortugas que pueden vivir hasta 90 años. Son animales ovíparos que ponen una media de 15-30 huevos cada vez que se reproducen. Suelen hacer agujeros en las orillas de los lagos, camuflando el nido con barro y hojas.

COMO SE TRABAJA PARA SALVAR LAS TORTUGAS TRACAJÁS

Nilcinha de Jesus Amaral Ferreira, agente ambiental voluntaria, nos cuenta que para buscar los huevos se sale muy temprano, incluso a las 3 de la madrugada, “armados” con cajas de espuma de poliestireno. Al igual que ella, alrededor de 28 millones de personas pertenecen a “Pé-de-Pincha” que en los años se ha transformado en el proyecto más grande de voluntariado en toda la Amazonia

Formadores y miembros de la comunidad, identifican los agujeros, vigilan y recogen los huevos del hábitat natural, trasladan los nidos de las áreas mineras a las áreas protegidas, en una especie de guardería, una incubadora improvisada en la arena y próxima a las casas de los residentes, donde los polluelos, cubiertos y calientes, logran crecer lo suficiente para no convertirse en presa fácil. Después de que nacen, son liberados en los lagos, entre la alegría y la fiesta de toda la comunidad.

ESPACIO EDUCATIVO PARA LA CONCIENCIA AMBIENTAL

“El programa – explica el profesor – también ha servido para tender un puente, un vínculo para discutir todos los problemas ambientales que sufre la región buscando alternativas sostenibles para generar ingresos.

“Pé-de-Pincha” trabaja sobre la conservación de los recursos naturales de la comunidad, pero también en la concientización medioambiental de las comunidades, para un desarrollo sustentable, “que no sea solo ecológicamente correcto, pero además económicamente sustentable y socialmente justo”.

A su vez, “Pé-de-Pincha” capacita también profesores en el campo de la educación medioambiental a través de “un proyecto de investigación y acción comunitaria de monitoreo participativo”.

LA IGLESIA, SOCIO HISTÓRICO DEL PROYECTO

El profesor Paulo Cesar Machado Andrade, de la Universidad Federal del Amazonas, coordinador de “Pé-de-Pincha”, explica que, la Iglesia desempeña un rol fundamental, histórico, al estar en la primera línea desde el comienzo, en los años 90, cuando logró llegar al mayor número posible de comunidades para involucrarlas en el compromiso de protección de los tracajás.

Esta visión de ecología integral es la que nos pide el Pontífice: “Creemos que hay una profunda conexión con todo lo que expresa el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’. No solo ver el animal, el río, el árbol como un elemento por derecho propio de la naturaleza, pero sobre todo como una parte de una cadena más grande que permite mantener la vida en el Planeta, a través de esta visión más integral que no deja a nadie atrás”.

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