OPINION
Pablo Poveda - CEDLA
Pablo Poveda - CEDLA

El incendio forestal de la Chiquitania saca a relucir el abandono de la política agropecuaria orientada a los pequeños campesinos, revelándose la alianza de los agroindustriales con el gobierno para la expansión de la frontera agropecuaria con cultivos de soya para la producción de biocombustibles y carne para la exportación. Sin embargo, el potencial económico de la región también debe contemplar una mirada a la explotación minera.

En efecto, la región chiquitana se sobrepone al Precámbrico, una de las formaciones geológicas más antiguas, con una extensión aproximada de 200.000 km2 (18% del territorio nacional), la cual “hospeda más de una centena de prospectos y ocurrencias de oro, plata, platinoides, níquel, tantalio, cobre, hierro, estaño, cromo, zinc, piedras preciosas y tierras raras”.

En la región se encuentran las fajas metalíferas Auro-Manganesifera de Cratón de Paragua, la Polímetálica de Sunsas y la Ferro-Manganesífera de Mutún-Tucavaca: así como yacimientos principales como Mutún (hierro), Rincón del Tigre (azufre, cobre, platino, paladio, rodio y oro), Don Mario (oro, plata, cobre, plomo y zinc), Puquio Norte (oro), Miguela (oro, cobre, plata y zinc) y San Simón (oro en cuarzo).

La actividad minera era prácticamente irrelevante hasta el año 2000, con producción marginal de hierro y manganeso. La producción aurífera empieza desde el año 1997 con media tonelada por valor de 5,5 millones de dólares. Para el 2007 ya se tiene una producción diversificada de oro, plata, plomo, wólfram, estaño, tantalita, cobre y piedras preciosas, cuyo volumen ascendía a 6.865 toneladas por un valor de 66 millones de dólares.

Para 2014, el 31% del volumen de la producción de minerales del departamento de Santa Cruz, y el 76% de su valor, provino de la región chiquitana. Los minerales que se explotan son oro, tantalita, granito y piedras preciosas (amatista, bolivianita y cuarzo).

Los Cuadros de volumen y valor de la producción minera de la Chiquitania, muestran que la explotación de oro es la más importante, con una producción de un poco más de dos toneladas y media, y un valor de 105 millones de dólares. Y aunque la producción de piedras preciosas y de otros minerales es todavía baja, la región tiene un potencial enorme que se está desarrollando rápidamente, principalmente por empresas internacionales como son la canadiense Orvana en el yacimiento aurífero Don Mario; la brasileña Votarantim, líder mundial en la producción de zinc y níquel, tiene áreas de explotación en el Rincón del Tigre; y, la empresa Gosobyk de capitales ingleses, brasileños y bolivianos, con áreas de explotación en Cerro Pelón.

Lo que llama la atención en la explotación de oro, es que la mayoría de los vendedores son unipersonales que no declaran la procedencia del oro que venden, y que además, lo comercializan como oro marginal, por lo que las regalías que se pagaron en 2014 apenas alcanzan a 1,5% del valor bruto de producción.

Esto no es coherente con las áreas de producción minera otorgadas en la región por la Autoridad Jurisdiccional de Administración Minera (AJAM), ya que existen 431 áreas en 4.220 km2, de las cuales el 68% está en manos de empresas, 17% en unipersonales, 8% en cooperativas y 7% en Comibol. Es decir, la producción de oro debería provenir mayoritariamente de empresas que pagarían la regalía máxima de 7%. Por otra parte, existen antiguas explotaciones de oro controladas por empresas transnacionales que emplean tecnología de punta como Orvana y Paitití, que en sus informes declaran grandes inversiones, que no se reflejan en la producción que realizan, registrada por Senarecom.

La falta de control de la producción minera en la Chiquitania es preocupante, es una muestra más del fracaso de la política minera del MAS, que en los primeros años de gobierno planteaba que el éxito del modelo económico productivo social comunitario para vivir bien, se basaba en la administración estatal de los recursos naturales. Contrariamente, lo que más bien se observa, es el saqueo de los recursos naturales sin ningún aporte para el Estado y la región.

La anterior afirmación es corroborada por Probioma, que desde 2017 viene alertando sobre “presiones por parte del Gobierno a través de la Ajam y la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (Fencomin) para incursionar en la exploración y explotación minera en contra de la voluntad de las comunidades”

Como se puede ver, la búsqueda de buenos negocios por los empresarios en la Chiquitania no solo abarca la producción agropecuaria, la mirada debe extenderse a la minería, que, por las cifras presentadas, se constituye entre las actividades económicas más importantes de la región.

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