SIGLO XX

Estudió, luchó y no se rindió aunque nunca logro el primer lugar en las Olimpiadas Científicas Estudiantiles, no por lo menos hasta el 2016. Pese a las derrotas jamás abandonó la Geografía y la astronomía. “Quien persevera gana” dice la mamá de este joven, celebrando los logros de su hijo mayor, quien ahora es campeón nacional.

Adrián Andrés Guzmán Aguirre, tiene 16 años, estudia en el cuarto año del colegio Junín de Catavi, Norte Potosí y es medalla de oro en el área de Geografía en las Olimpiadas Científicas Estudiantiles 2017. Es el mayor de dos hijos de una familia de 4 personas.

Su fama ha crecido en pocas horas, su nombre se conoce más en las redes sociales. En su colegio algunos jóvenes y señoritas hablan de él. Su mamá dice que estos resultados son producto del sacrificio y la dedicación exigente que Andrés se ha impuesto a sí mismo. La motivación mayor la consiguió de su madre Lizeth Aguirre, quien es maestra del área de sociales y dicta Geografía.

En la última olimpiada representó a Potosí, había conseguido la medalla de plata en la competencia departamental. Todas sus limitaciones, todo su esfuerzo acumulado y el tiempo invertido en el estudio se transformaron en una medalla de oro, en el primer lugar.

Su mamá asegura que Adrián no dormirá en sus laureles, continuará entrenando en Geografía para participar y especializarse en esa área del conocimiento. La entrevistada describe que la Geografía es territorio, la orografía, ríos, recursos naturales, mapas, masas terrestres continentales, población y nos permite conoce a los otros y todo lo que nos rodea.

Armamos este perfil de Adrián con pedacitos de testimonios de sus amigos, de su madre y de quienes le conocen. Él luego de ser premiado en la ciudad de La Paz, se trasladó a la capital potosina a donde las autoridades educativas le convocaron.

Este campeón quería ser médico de niño, fue cuando vivió un tiempo con su abuela, mientras su mamá estudiaba en la Escuela Normal de maestros, allí heredó el cariño que su abuela tenía a la salud de los pacientes, enfermera dedicada a su trabajo despertó en el niño la decisión de ser médico. Pero ese sueño se quebró cuando la abuela murió de un mal que los médicos no lograron curar.

Hoy sus sueños siguen siendo los astros, el universo, los recursos naturales.

El colegio Junín, donde él estúdia junto a más de 380 alumnos no tiene un laboratorio de astronomía y geografía las investigaciones son teóricas y todavía con pizarra y tiza o con alguna pizarra interactiva, pero no hay laboratorio, como no hay ningún laboratorio en más del 90% de los colegios del Norte Potosí.
El Junín debe su nombre a la batalla en la que libertadores derrotaron a los españoles por 1.800 y ayudaron a liberar a Bolivia. El edificio del colegio se parece a una antigua casona con varias habitaciones, parte del piso es de piedra laja o canteada, sus muros son gruesos y esta es la herencia de la educación escolar de COMIBOL.

Armamos estos pedazos de historia de este campeón olímpico con testimonios de amigos y de su madre

 

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