INTERNACIONAL

Reconfortado por los multimillonarios contratos militares y comerciales suscritos en Arabia Saudí y por el eco de su mensaje al mundo islámico para erradicar el terrorismo islamista, Donald Trump ha aterrizado este lunes en el primer vuelo directo conocido entre Riad y el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv.

El mandatario estadounidense llega a Israel, en la segunda etapa de su primera gira internacional, con la firme voluntad de desatascar el proceso de paz.

"Nos encontramos ante una excepcional oportunidad para la paz y la estabilidad para esta región y este pueblo", aseguró nada más desembarcar del Air Force One, "para derrotar al terrorismo y crear un futuro de armonía si trabajamos unidos".

El presidente, que vino acompañado de la primera dama, Melania Trump, fue recibido por todo lo alto a pie de escalerilla en una breve ceremonia oficial por el presidente de Israel, Reuven Rivlin, y por el primer ministro, Benjamín Netanyahu, junto con sus respectivas esposas.

Como denomina de forma grandilocuente, Trump busca el “acuerdo definitivo” de paz en Oriente Próximo. Donde anteriores presidentes con sólida base política y diplomática fracasaron, el potentado inmobiliario confía ahora en alcanzar “antes de lo que nadie esperaba” una solución a un conflicto envenenado por décadas de hostilidad.

“Hay una posibilidad enorme de un acuerdo que sea bueno para todos”, declaró antes de emprender viaje al diario Israel Hayon, editado por Sheldon Adelson, el magnate de casinos que intentó desembarcar hace cinco años en España con el controvertido proyecto Eurovegas.

Nadie conoce a ciencia cierta cuál es la propuesta que trae el presidente republicano para presentar estar tarde en Jerusalén al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el martes en Belén (Cisjordania) al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. Las cláusulas que ha desvelado el diario árabe Al Hayat, publicado en Londres, coinciden en líneas generales con los parámetros manejados por analistas israelíes y palestinos.

Mediante una “implicación intensa y directa”, Trump persigue la reanudación de las negociaciones de paz, que quedaron paralizadas hace tres años, durante un calendario de reuniones de entre 12 y 16 meses. EE UU no impondrá la congelación de la expansión de los asentamientos judíos en Jerusalén Este ni en Cisjordania—donde se han instalado 600.00 colonos judíos en el último medio siglo––, pero según esta misma información limitará su crecimiento a los bloques urbanizados ya consolidados. Como medida de confianza recíproca previa a la reanudación del diálogo, los negociadores palestinos reclaman que supriman restricciones a la libertad de movimientos de la población y se apliquen medidas económicas para mejorar su nivel de vida.

En la víspera de la llegada de Trump a Israel, Netanyahu reunió en la tarde del domingo al Gabinete de Seguridad del Gobierno, integrado por los principales ministros, para aprobar el plan de contrapartidas.

Aunque no se hizo público su contenido, la prensa israelí desveló que incluye la ampliación del paso fronterizo del puente de Allenby con Jordania, única salida al exterior de los habitantes de Cisjordania, que se haya bajo supervisión militar israelí, y su apertura permanente para evitar las actuales aglomeraciones. Israel prevé extender también las zonas industriales de Nablus (norte) y Hebrón (sur) y autorizar la construcción de viviendas en la llamada área C de Cisjordania, el 60% del territorio ocupado que se haya bajo control exclusivo militar y civil de Israel tras los Acuerdos de Oslo de 1993.

Los ministros de la extrema derecha nacionalista rechazaron, según el diario Haaretz, la propuesta del primer ministro, que salió finalmente adelante.

Las eufóricas expectativas creadas tras la elección de Trump entre la derecha nacionalista israelí, que confiaba en obtener un cheque en blanco para su proyecto colonizador, se han tornado en decepción ante el giro dado por el presidente republicano para afrontar el conflicto israelo-palestino. De considerar que los asentamientos “no suponen un obstáculo para la paz”, el mandatario norteamericano ha pasado a pedir a Netanyahu que “contenga un poco” la expansión de las colonias.

La promesa de trasladar la Embajada de EE UU desde Tel Aviv a Jerusalén, lanzada también en plena campaña electoral, parece haber quedado en suspenso para no perjudicar una eventual reanudación de las negociaciones de paz con los palestinos, que reivindican la parte este de la Ciudad Santa como capital de su futuro Estado. El presidente no tendrá que decidir sobre la cuestión hasta el próximo mes de junio, cuando vence la prórroga del veto aplicado por el Ejecutivo al acuerdo del Congreso de 1995 que aprobó el traslado de la legación.

Las declaraciones de Trump en sus encuentros con Netanyahu y Abbas podrán ofrecer pistas sobre la viabilidad del “acuerdo definitivo” que el gobernante republicano busca a toda costa. Pero habrá que esperar hasta su discurso en el Museo de Israel en Jerusalén –previsto en la tarde del martes, poco antes de que concluya esta etapa de su gira–, para conocer las grandes líneas de la nueva iniciativa de paz para Oriente Próximo. Antes habrá afectado un breve recorrido de apenas 15 minutos por el emblemático Museo del Holocausto, en un gesto contrario al procolo que ha sido recibido con disgusto por la comunidad judía.

Los símbolos son objeto de antiguas disputas en la tres veces milenaria Ciudad Santa. Trump tiene prevé acudir a orar al Muro de la Lamentaciones, la cima religiosa del judaísmo, y la basílica del Santo Sepulcro, meta de las peregrinaciones cristianas a Tierra Santa.

Ambos lugares sagrados están situados dentro del recinto amurallado de la Ciudad Vieja, y por lo tanto pertenecen al territorio ocupado desde 1967 de Jerusalén Este.

La que iba a ser la primera visita al Muro de las Lamentaciones de un presidente estadounidense en el ejercicio de sus funciones se ha convertido en un acto meramente privado, sin presencia oficial israelí, que ha sido excluido del programa de actividades facilitado a la prensa por las autoridades israelíes.

Cuando los colaboradores de Netanyahu insistieron en que el primer ministro acompañara a Trump en su recorrido por los considerados restos del antiguo templo judío de Jerusalén, funcionarios y diplomáticos estadounidenses invocaron la legislación internacional que no reconoce la potestad del Estado hebreo sobre la parte oriental de la ciudad.

Un empleado del Consulado en Jerusalén llegó a alegar, según el relato que trascendió a la prensa local, que el Muro de las Lamentaciones no se encontraba en Israel, sino en Cisjordania. Los responsables israelíes dieron por rotos los contactos sobre este punto de la visita del presidente. Para el Gobierno israelí, todo el territorio de Jerusalén constituye la capital eterna e indivisible del Estado.

El sector palestino de la ciudad y los territorios de Cisjordania y Gaza afrontan además la visita del mandatario norteamericano en medio de un clima de elevada tensión.

Varias organizaciones políticas convocaron este lunes un paro general que fue ampliamente secundado y han anunciado para el martes —fecha prevista de la visita de Trump a Belén— un Día de la Ira marcado por manifestaciones en solidaridad con los centenares de presos palestinos en huelga de hambre, en protesta contra sus condiciones de detención, desde el pasado 17 de abril y para exigir la creación de un Estado palestino.

TOMADO DE EL PAIS

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