INDIGENAS

En 1995 ganó el campeonato de los productores de papa: cuando cavó la tierra sacó papas de un kilo de peso.

En 1995 ganó el campeonato de los productores de papa: cuando cavó la tierra sacó papas de un kilo de peso.

 

Bajito, flaquito, moreno, ojos grandes y pestañas enormes, con ojotas en los pies y con un sombrero negro bien grande.

En 1999, se paró a mitad de la asamblea campesina, levantó la mano y empezó a hablar.

Paulino tocó el corazón de los campesinos y cuando terminó el discurso tenía la cara cubierta por una mancha roja de tanto gritar, fue ovacionado por miles de manos que aplaudían.

Más tarde, fue dirigente campesino de 5 provincias, 13 municipios y más de mil comunidades.

En los dos años de dirigente, no recibió un centavo de sueldo, ningún dirigente cobraba sueldo.

Dejó sembradíos, dejó familia y echó mano de sus ahorros para hacer el servicio al campesinado.

Dos años después tenía el cargo de subprefecto, nombrado por el prefecto o gobernador.

Los dirigentes de los choferes le partieron la nariz a golpes y patadas.

Cometió el delito de exigir respeto para los campesinos, mejores movilidades y ningún abuso en el cobro de pasajes.

En 2009 cumplió 58 años de vida. Me lo encontré en la calle. Seguro como siempre me dijo: estudio para aprender más, me darán mi cartón de técnico medio en agronomía. Voy a producir las mejores papas que nunca hayas probado.

Paulino Ossio, nacido en los valles de Potosí, en el altiplano boliviano, tiene 6 hijos e hijas. Hizo de todo para que sus retoños sean buenas personas. Hace un año que no le veo.

Es bilingüe, sus abuelos le enseñaron a hablar el quechua, pero sus contactos con los pueblos grandes le obligaron a hablar el castellano.

Es uno de los 180 mil campesinos del Norte Potosí, la región donde vivo.

En 1995 ganó el campeonato de los productores de papa: cuando cavó la tierra sacó papas de un kilo de peso.

Cosechó quintales y quintales de papa en un terreno igual al tamaño de una cancha de fútbol, es decir menos de una hectárea. Fue un maestro para muchos jóvenes campesinos.

Orgulloso pero hasta por ahí no más, su humildad pudo más, agarró su trofeo y siguió dedicándose a la siembra de papa. Alimentó a miles de nortepotosinos con sus poderosas y riquísimas papas.

Cuando todos pensaban que este hombre se había retirado, sorprendió con su convicción de estudiar a los 58 años para mejorar su técnica y sus habilidades de productor de papa.

Sus competidores están en Ravelo, son los jalk´as, una cultura milenaria de expertos productores de papas, con pantaletas de bayeta, camisones grandes y sombreritos de copa chata, forzudos y robustos hombres capaces de levantar un quintal de papa con sus dos manos.

También están en Uncía, son los laymes, guerreros incansables herederos de una técnica maravillosa capaz de guardar semillas de papa durante 100, 200 o 300 años.

Así como Paulino dedican toda su vida a la siembra de la papa. Una gran parte para alimentar a su propia familia y el resto para vender en los mercados locales.

Si consiguiéramos convencer a este o a cualquier gobierno de subvencionar la producción de papa, tal como hacen los cruceños con el diesel o energía barata, entonces, llenaríamos mercados y mercados de papa. Hoy es casi imposible hacerlo.

Mariela, una periodista guayaquileña en Ecuador no pudo creer cuando le conté que en la región donde vivo se producen 300 variedades de papa. Algunas salen de las manos de Paulino Ossio.

La yernawaqachi por ejemplo, una papita parecida a un huevo de codorniz, con decenas de chichones y difícil de pelar con el cuchillo.

Las suegras entregan esta papa a sus yernas, a las esposas de sus hijos, para probar sus habilidades en la cocina. Por eso el nombre de yernawaqachi, la que hace llorar a las yernas.

La rica y deliciosa imilla, que apenas entra a la boca se deshace como la arena, rica, acompañada con carne o una ensalada, es para chuparse los dedos.

Cuecen rápido, tienen cáscara delgada, exageradamente hervidas pueden convertirse en lagua de papa.

Hay papas que nacen para morir de inmediato. Son mojadas con agua y entregadas al intenso frio. Al morir se convierten en chuño. Un alimento seco y matahambre.

Yo no puedo almorzar sin papa. La papa me ha embrujado el estómago y creo que el Paulino tiene la culpa

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