EVANGELIZACION

La sociedad neocapitalista ha introducido entre nosotros un tipo de “relaciones de intercambio” donde, parece “estar prohibido el amor”.

Jesús de Nazareth nos propone releer el significado del amor. En una pequeña parabola nos dice: Yo soy el buen Pastor que da la vida por sus ovejas

Con esas palabras, nos recuerdan una gran verdad: Hay un amor “asalariado”, interesado, de intercambio y también hay un amor capaz de dar la vida por quien se ama.

El amor de intercambio e interesado

El intercambio se ha convertido en factor que determina casi todas las relaciones. Esta parece la principal regla de juego: “Yo te doy en la medida que tú me das”.

Este principio de actuación mercantil no funciona sólo cuando nos intercambiamos artículos, servicios o favores. Es algo que llega a impregnar incluso las relaciones de los matrimonios, las parejas y los amigos. No nos damos cuenta de que, actuando así, estamos justamente vaciando de amor y de amistad nuestras relaciones.

Quien ama a una persona, se preocupa por su felicidad y busca antes que nada su bien. Quien, por el contrario, vive una relación “mercantil”, no se siente responsable del bien o la felicidad del otro; se limita a respetar sus derechos. En el fondo, no está unido amorosamente al otro, sino separado de él por su propio interés.

Este es precisamente el problema de quien vive con espíritu mercantil, que no sabe dar; está dispuesto a dar a cambio de recibir.

Jesús nos propone un estilo de amor que da la vida por quien se ama

El que ama, sabe dar gratis. No da con el fin de recibir. Da porque ama, porque se siente dichoso al dar. Da de sí mismo, de su vida. Da lo que está vivo en él, su alegría, su fe, su escucha, su comprensión, su perdón. No se puede amar sin dar. El buen Pastor que da la vida por sus ovejas

En ese amor verdadero de Cristo, Buen Pastor, alimenta el cristiano su capacidad de amar y purifica constantemente sus relaciones, para no caer en una vida puramente mercantil.

La actualidad de las palabras de Jesús nos pide trabajar para que el amor resucite, para que no sea mercantil, de intercambio e interesado, sino un amor que da la vida por el otro, amor creador, amor de la resurrección.

Uno de los signos más claros de tal amor es la alegría que despierta en los que se aman, a pesar de los desacuerdos, conflictos y tensiones inevitables.

Este amor es creador. Engendra fuerza para vivir, ayuda a crecer, crea y recrea continuamente a las personas y las parejas

José Blanco

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