EN LA MIRA

Los opositores al papa Francisco critican el pensamiento profético que dice con claridad: no a una economía sin rostro humano, no a un sistema social y económico, no a una globalización de la indiferencia, no a la idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir, no a una inequidad que engendra violencia.

 

Introducción  histórica

No es la primera vez ni es extraño que en la Iglesia haya grupos discrepantes y opositores, desde Pablo que se enfrentó a Cefas en Antioquía (Gal 2,14) hasta nuestros días.

Los hubo desde los primeros concilios hasta los dos últimos.  En el concilio Vaticano I (1870) un grupo de obispos y de teólogos  estaban en contra de la definición de la infalibilidad pontificia. Algunos no aceptaron el concilio y se separaron de Roma dando lugar a los llamados Vétero-católicos. Otros, sin abandonar la Iglesia, no quisieron participar ni asistir a la última votación conciliar sobre la infalibilidad y alguno de ellos estaba tan enojado, que lanzó todos los documentos conciliares  al río Tíber.

Un siglo después (1970) volvió a surgir la problemática sobre la infalibilidad, con disputas teológicas entre la voz crítica de Hans Küng por un lado y de Karl Rahner, Walter Kasper y otros teólogos alemanes más conciliadores, por otro lado. La polémica prosiguió entre historiadores críticos al Vaticano I, como A.B.Hasler discípulo de Küng y otros historiadores más ponderados como Yves Congar, Hoffman y Walter Kasper. Küng fue apartado de la docencia teológica.

En tiempos de Pío XII, cuando en 1950 el Papa publicó la encíclica Humani generis contra la llamada Nouvelle théologie, fueron destituidos de sus cátedras algunos teólogos jesuitas de Fourvière-Lyon como Henri de Lubac y Jean  Daniélou y alguno teólogos dominicos de Le Saulchoir-París, como Yves Congar y Dominique Chénu. Luego todos ellos fueron nombrados peritos teológicos por Juan XXIII en el Vaticano II.

En el Vaticano II surgió una fuerte oposición liderada por el obispo francés Marcel Lefèbvre que rechazó el concilio el Vaticano II por considerarlo neo- modernista y neo-protestante y acabó siendo excomulgado por Juan Pablo II en 1988, cuando comenzó a ordenar obispos al margen de Roma para su Fraternidad de San Pío X.

Pablo VI, luego de su encíclica Humanae vitae de1968 sobre el control de natalidad, fue respetuosamente contestado por numerosas conferencias episcopales que, sin negar los valores de su contenido, pedían una mayor complementación y matización.

Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI  más de 100 teólogos fueron cuestionados, amonestados, obligados a guardar silencio, algunos destituidos de sus cátedras y uno incluso excomulgado.

Valga este preámbulo histórico para no sorprendernos de que también hoy ante la nueva imagen de Iglesia que propone Francisco hayan surgido voces discordantes y críticas fuertemente opositoras a su pontificado

A través del vaivén de la historia deducimos que el tipo y orientación de la oposición siempre depende del momento histórico que se vive: son voces progresistas y proféticas en momentos de la clásica Cristiandad o Neo-cristiandad y voces reaccionarias, fundamentalistas  y conservadoras en momentos de una reforma eclesial que desea volver a las fuentes evangélicas y al estilo de Jesús.

Las críticas a Francisco

Actualmente hay un fuerte grupo opositor contra la Iglesia de Francisco: laicos, teólogos, obispos y cardenales que desearían su dimisión o su pronta desaparición y esperan un nuevo cónclave para cambiar el rumbo de la Iglesia actual.

No queremos hacer aquí una investigación socio-histórica ni menos aún un show mediático, tipo western, entre buenos y malos, por esto preferimos no citar los nombres y apellidos  de los opositores que hoy están “despellejando vivo” a Francisco, sino más bien detectar cuáles son las líneas teológicas de fondo que subyacen a esta oposición sistemática a Francisco, saber cuál es el tema de la polémica.

Las críticas a Francisco tienen dos dimensiones, una teológica y otra más bien socio-política, aunque, como veremos luego, muchas veces ambas líneas confluyen.

1. Crítica teológica.

La crítica teológica parte de la convicción  de que Francisco no es teólogo, sino que viene del Sur, del fin del mundo y que esta falta de profesionalidad teológica explica sus imprecisiones e incluso sus errores doctrinales.

Se contrasta esta falta de profesionalidad teológica de Francisco con la competencia académica de Juan Pablo II y naturalmente de Josef Ratzinger-Benedicto XVI.

Esta falta de teología de Francisco  explicaría sus peligrosas afirmaciones sobre la misericordia de Dios en El rostro de la misericordia (MV), su tendencia filo-comunista hacia los pobres y movimientos populares y la piedad popular como lugar teológico en La alegría del evangelio (EG 197-201); su falta de teología moral al abrir la puerta a los sacramentos de la penitencia y eucaristía, en algunos casos y previo discernimiento personal y eclesial, a las parejas de matrimonios católicos separados vueltos a casar, según aparece en una nota del capítulo octavo de La alegría del amor(AL 305,nota 351); su poca competencia científica y ecológica se manifiesta en su encíclica sobre el cuidado de la casa común(Laudato si´); y escandaliza su excesivo énfasis en la misericordia divina (Misericordiae vultus),que abarata la gracia y la cruz de Jesús.

Ante esta acusación quisiera recordar una afirmación clásica de Tomás de Aquino que distingue entre la cátedra magisterial, propia de los teólogos profesores de las universidades, de la cátedra pastoral que corresponde a los obispos y pastores de la Iglesia[1]. Newman retoma esta tradición afirmando que aunque a veces puede haber tensión entre ambas cátedras, finalmente hay convergencia entre ellas.

Esta distinción se aplica a Francisco que, aunque como jesuita Padre Jorge Mario Bergoglio había estudiado y enseñado teología pastoral en San Miguel de Buenos Aires, ahora sus pronunciamientos pertenecen a la cátedra pastoral del obispo de Roma. No pretende sentar cátedra de teólogo sino de pastor. Como se ha dicho con un cierto humor, hay que  pasar del Bergoglio de la historia al Francisco de la fe.

Lo que en el fondo molesta a sus detractores es que su teología parta de la realidad, de la realidad de la injusticia, pobreza y destrucción de la naturaleza y de la realidad del clericalismo eclesial.

No molesta que abrace a niños y enfermos pero sí molesta que visite Lampedusa  y campos de refugiados y migrantes como Lesbos, molesta que diga que no hay que construir muros contra los refugiados sino puentes de diálogo y hospitalidad; molesta  que, siguiendo a Juan XXII, diga que la Iglesia ha de ser pobre y de los pobres, que los pastores han de oler a oveja, que ha de ser una Iglesia en salida que vaya a los márgenes y que los pobres son un lugar teológico.

Molesta que diga que el clericalismo es la lepra de la Iglesia y que enumere las14 tentaciones de la Curia vaticana que van del sentirse imprescindibles y necesarios hasta la ansia de riquezas, la doble vida y el Alzheimer espiritual. Y molesta que añada que estas son también tentaciones de las diócesis, parroquias y comunidades religiosas. Molesta que diga que la Iglesia ha de ser una pirámide invertida, con los laicos arriba,  y abajo el papa y los obispos y molesta que diga que la Iglesia es poliédrica y sobre todo sinodal, hacemos todos el mismo camino juntos, nos hemos de escuchar y dialogar, molesta que en Episcopalis communio hable de Iglesia sinodal y de la necesidad de escucharnos mutuamente.

Molesta a grupos conservadores el que Francisco haya agradecido sus aportes teológicos a Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Jon Sobrino, José María Castillo y haya anulado las suspensiones “a divinis” a  Miguel d´Escoto y Ernesto Cardenal; extraña que a Küng, que escribió a Francisco sobre la necesidad de repensar infalibilidad le haya contestado llamándolo “querido compañero” (lieber Mitbruder) y que tendría en cuenta sus observaciones y estaba dispuesto a dialogar sobre la infalibilidad. Y molesta a muchos que  Francisco haya canonizado a Romero, el obispo salvadoreño mártir, tildado por muchos de comunista  y tonto útil de la izquierda y cuya causa había estado bloqueada durante años.

Molesta que diga que él no es quién para juzgar a los homosexuales, que afirme que la Iglesia es femenina y que si no se escucha a las mujeres, la Iglesia quedar

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