EN LA MIRA

Cuenta La biblia que un día Jesús fue ante el bautista y se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

De esta experiencia brotan dos actitudes que Jesús vivió y trató de contagiar a todos: confianza increíble en Dios y docilidad. Desde su bautismo Jesús será el protagonista de una experiencia sin límites: Será la buena noticia para los pobres, para los enfermos, para los pecadores, para los marginados, para los sin futuro.

¿Y NUESTRO BAUTISMO??

Para la mayoría de los cristianos su bautismo es un simple rito. La persona nacía a una religión como nacía a una lengua, una cultura o un pueblo.

El bautismo es recibir el Espíritu de Dios en nuestra vida, pero nuestra sociedad actual no parece demasiado abierta a ese Espíritu. Estamos más abiertos a la parasicología, la astrología, el tarot, el ocultismo y los horóscopos. Con frecuencia, la fe es sustituida por las más curiosas supersticiones.

Abrirse al Espíritu es otra cosa. Se trata de acoger humildemente la presencia creadora de Dios en nosotros.

Abrirse al Espíritu es dejarse purificar y modelar por Dios que animó toda la actuación de Jesús.

Abrirse al Espíritu es Vivir desde la fe la experiencia de un Amor que nos envuelve y nos hace invocar a Dios como Padre y acercarnos a los otros como hermanos.

Los verdaderos favores del Espíritu Santo son los frutos que suscita en nosotros: amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí.

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