EN LA MIRA

Federico Escobar Zapata a fines de los años 50 del siglo pasado dijo este secreto en una asamblea de mineros en Siglo XX: “Tenemos que producir la misma cantidad de estaño que producía Patiño. Tenemos que producir más que Patiño. Debemos cuidar cada perno, cada centavo que se invierte en la empresa. Si no hacemos eso, la nacionalización de las minas no va a tener sentido”.

Guillermo Dalence, exdirigente minero afirmó que “en los años 70 los mineros apoyaron la nacionalización de la Mina Matilde en el gobierno de Juan José Torrez. Los trabajadores del lugar ganaban bien con la empresa privada, pero sacrificaron ganancias, pensaron en la nación y apoyaron la nacionalización.

¿Los nacionalizadores de hoy creen más en su bolsillo, en sus intereses personales o en la nación?

Carlos Marx, filósofo alemán tan calumniado, reveló el secreto de la lucha entre burgueses y socialistas de verdad: La eterna pelea por la ganancia, el excedente o la plusvalía. Burguesía que se queda con esa ganancia y entrega migajas al pueblo, los socialistas de verdad que dan la vida para que esa ganancia beneficie a todos y no sólo a unos cuantos…

¿Hoy, los nacionalizadores reparten por igual y para todos esa ganancia o excedente de la minería? ¿O en cambio primero piensan en ellos, en su bolsillo y en sus intereses? Ese es el problema de la nacionalización, ese es su secreto mayor.

 

El excedente

 

El año pasado se exportaron minerales por un valor de 3 mil 649 millones de dólares y se cobraron 178 millones de dólares en regalías mineras, además 235 millones de dólares en impuestos… ¿Cuánto ganaron las empresas y cuánto de esa ganancia se repartió al pueblo en caminos, hospitales y escuelas?

¿Cuánto de todo ese dinero es costo de operación? ¿Cuánto es la ganancia o excedente?

73% de todo lo que producimos corresponde a la empresa privada.

Algunos funcionarios de gobierno dicen que se pretendía cobrar la mitad de las ganancias de las empresas, pero los críticos señalan que entre regalía minera e impuesto no se recupera para el pueblo ni la tercera parte de esa ganancia.

Un obrero de los tiempos del 52 expresa que aportaron una mita para instalar fundiciones, una de las claves de la industrialización. Hasta allí llegó la conciencia de algunos que se sacrificaron para que la minería no se quede en explotación de materia prima.

Ese nivel de conciencia parece haberse perdido. Ese testimonio significa sacrificar ganancias y sacrificar el bolsillo pensando en la nación. Significa también aportar para la industrialización, generando fundiciones y sacando al país de la resignación de productor de materias primas.

Antes de 1952 el tributo indígena o el impuesto a la tierra mantenía el país con un 80% de los ingresos y la minería no aportaba ni el 20% de los gastos del Estado.

Los pecados de la nacionalización: haber pagado una indemnización para entonces de 20 millones de dólares a los barones Patiño, Hochschild y Aramayo, haber desbancado a COMIBOL fortaleciendo YPFB y carreteras o desarrollo para otras regiones y no haber reinvertido más ganancias en la propia Corporación Minera de Bolivia.

Y sobre todo condenar a Bolivia en la producción de materias primas. Y entre los nacionalizadores no haber fortalecido la conciencia nacional.

 

“No tenemos técnicos, científicos que aporten al desarrollo y a la soberanía”

 

33 años más tarde, los obreros crearon su propia Universidad, querían profesionales orgánicos que aporten con ciencia, tecnología y conocimiento para avanzar en el control del Estado y en el manejo de las empresas estatales para tener soberanía. ¿Se formaron esos profesionales orgánicos? ¿Si se los formaron, están cumpliendo en aportar con ciencia, conocimiento y tecnología?

Cuando los españoles se hicieron cargo de los minerales decían que el indio no tenía alma, era un ser inferior y era incapaz de administrar los recursos naturales, por eso ellos manejaban estas cuestiones complicadas. Ese pensamiento heredaron los jerarcas de la plata, los barones del estaño y la oligarquía o grupos familiares que manejaron la minería en Bolivia.

¿Será que tuvieron un pensamiento diferente quienes escribieron y aprobaron la Ley minera? ¿Dejaron que comités cívicos, alcaldes de municipios mineros y universidades escriban y aprueben esa Ley? ¿O al momento de escribirla y aprobarla heredaron esa mentalidad colonial?

¿Será que van a permitir que las regiones mineras se beneficien un poco más con la explotación minera? Por ejemplo que la gobernación potosina (un departamento con gran migración, pobreza mayor al 80% en muchos de sus municipios, débil presencia estatal, poco incentivo a la producción agrícola y excesiva dependencia de la minería, organice una empresa pública se asocie con el Estado y reciba directamente más impuestos y más ganancias para salir de esta dependencia?

 

A 66 años la nacionalización dicta su secreto: “NACIONALIZAR CONCIENCIAS”

 

 

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