EN LA MIRA

En la canonización de 7 nuevos santos, el papa instó a los cristianos a dejarnos guiar por el brillo de los testimonios de estos nuevos santos, aprender lo mejor de su amor a Jesucristo.

Red Pío XII.- El Papa Francisco ha proclamado santos al Pontífice Pablo VI (Giovanni Battista Montini), al Arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero Galdámez; al sacerdote diocesano Francesco Spinelli; al presbítero Vincenzo Romano; a la virgen Maria Caterina Kasper; a la virgen Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús; y al laico Nunzio Sulprizio .

En su reflexión dominical hizo dijo que el corazón es como un imán: se deja atraer por el amor, pero solo se adhiere por un lado y debe elegir entre amar a Dios o amar las riquezas del mundo (cf. Mt 6,24).

El papa invito a todos los cristianos a hacernos las siguientes preguntas:

  1. vivimos para amar o vivimos para sí mismo (cf. Mc8,35).
  2. de qué lado estamos.
  3. cómo va nuestra historia de amor con Dios.
  4. ¿Nos conformamos con cumplir algunos preceptos o seguimos a Jesús como enamorados, realmente dispuestos a dejar algo para él?

En la canonización de 7 nuevos santos, el papa instó a los cristianos a dejarnos guiar por el brillo de los testimonios de estos nuevos santos, aprender lo mejor de su amor a Jesucristo.

Dos Religiosas, dos sacerdotes, un laico, un papa y un arzobispo

1.- Madre Maria Katharina Kasper, Nació el 26 de mayo de 1820 en Dernbach, un pequeño pueblo en Alemania. Fuerte y extrovertida, pasó su adolescencia trabajando en los campos e incluso picando piedras para la construcción de carreteras. En ella brilla la virtud de la esperanza, que la empujó a “mirar hacia adelante”, venciendo la tentación de la mediocridad y emprendiendo el camino de la perfección evangélica. En su contexto, indudablemente necesitado, tomó la iniciativa de fundar un Instituto de monjas al servicio de las clases sociales más humildes: así, en 1845, nació el primer núcleo de las “Siervas Pobres de Jesucristo”, dedicadas a la acogida y promoción de los pobres.

2.- Nunzio Sulprizio. Nació el 13 de abril de 1817 en Pescosansonesco, provincia de Pescara. Quedándose huérfano enseguida, desde muy pequeño experimentó el sufrimiento. La tuberculosis ósea lo obligó a establecerse en Nápoles, donde fue atendido por un oficial del ejército borbónico, el coronel Felice Wochinger, antes de ser ingresado en el hospital de incurables.

Nunzio es el “santo joven, valiente y humilde, que ha sabido encontrar a Jesús en el sufrimiento, en el silencio y en la ofrenda de sí mismo”, ha dicho el Papa en la homilía de la Eucaristía de Canonización, este domingo, 14 de octubre de 2018.

3.- Presbítero Vincenzo Romano. Nacido en Torre del Greco, cerca de Nápoles, el 3 de junio de 1751, recibió la ordenación sacerdotal en 1775. Si, inmediatamente se volcó en su ministerio en un servicio constante a los últimos y al compromiso educativo de los niños y jóvenes, fue sobre todo la desastrosa erupción del Vesubio del 15 de junio de 1794 que lo vio protagonista del renacimiento material, espiritual y moral de su ciudad, de la cual se convirtió en párroco en 1799.

En él se conjugaban la profundidad y el rigor en la búsqueda de la voluntad de Dios con una carga de caridad entusiasta que lo acompañó hasta los últimos días de su vida. Murió el 20 de diciembre de 1831.

4.- Nazaria Ignacia March. Nació en Madrid el 10 de enero de 1889; fue enviada a Bolivia en 1912. Aquí entró en contacto con una realidad de extrema pobreza y auténtica degradación.

Nazaria Ignacia puso sus dones naturales y los talentos de la gracia al servicio de la promoción humana de ese ambiente y, en 1926, dio vida a la Congregación de las Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia, para el servicio de los pobres y la promoción de la mujer, para el anuncio de la Palabra de Dios y la formación religiosa de niños y adultos, también a través de las misiones, los ejercicios espirituales y la prensa.

En 1934 funda el primer sindicato femenino con el nombre de “Sociedad de Obreras Católicas”. Su lema “Fuertes en la fe de Cristo” y su objetivo “la solidaridad de la clase obrera femenina, basada en la sociología cristiana” (Estatutos).

5.- Sacerdote Francesco Spinelli. Nacido en Milán el 14 de abril de 1853, vivió el período, tan difícil pero a la vez creativo, de la construcción de la nueva sociedad italiana, nacida después de la Unidad.

En este contexto eclesial y social, sintió la urgencia de la formación del mundo femenino. Por eso, se dedicó con ahínco a favor de las niñas más indigentes e, intensificando su compromiso de servir a Cristo en los últimos de la sociedad, dio vida a escuelas, oratorios, asistencia a los enfermos, a los discapacitados, a los ancianos solos.

En Roma tuvo la inspiración de dar vida a una comunidad de mujeres jóvenes que consagraron sus vidas al Señor presente en la Eucaristía: de esta manera, adquiría mayor consistencia y visibilidad la relación intrínseca que une el culto divino con el ejercicio de solidaridad del amor fraterno.

6.- Papa Pablo VI. Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, nació en Lombardía (Italia) el 26 de septiembre de 1897.

El pontificado de Pablo VI está profundamente vinculado al Concilio, precedió 3 de las cuatro cesiones del Concilio Vaticano II. Y fue el papa quien tuvo que comenzar la aplicación de las novedades de la reforma de la Iglesia.

Cronología del Concilio bajo su pontificado

El 29 de setiembre de 1963 se abre la segunda sesión del Concilio. S.S. Pablo VI la clausura el 4 de diciembre con la promulgación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia.

En enero de 1964 (4-6), S.S. Pablo VI realiza un viaje sin precedentes a Tierra Santa, en donde se da un histórico encuentro con Atenágoras I, Patriarca de Jerusalén.

El 6 de agosto de 1964, S.S. Pablo VI publica su encíclica programática Ecclesiam suam.

La tercera sesión conciliar duraría del 14 de setiembre hasta el 21 de noviembre de 1964. Se clausuraba con la promulgación de la Constitución sobre la Iglesia. En aquella ocasión proclamó a María como Madre de la Iglesia.

Entre la tercera y cuarta sesión del Concilio (diciembre 1964), S.S. Pablo VI viaja a Bombay, para participar en un Congreso Eucarístico Internacional.

El 4 de octubre, durante la cuarta y última sesión del Concilio, viaja a Nueva York a la sede de la ONU, para hacer un histórico llamado a la paz mundial ante los representantes de todas las naciones.

El 7 de diciembre de 1965, un día antes de finalizar el gran Concilio, el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I hacen una declaración conjunta por la que deploraban y se levantaban los mutuos anatemas —pronunciados por representantes de la Iglesia Oriental y Occidental en Constantinopla en 1054, y que marcaban el momento culminante del cisma entre las Iglesias de oriente y la de occidente—.

Osca Arnulfo Romero.- En el transcurso de su ministerio Arzobispal, Mons. Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; esto lo llevaba a emprender una actitud de denuncia contra la violencia, y sobre todo a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal.

Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror.

Los primeros conflictos de Monseñor Romero surgieron a raíz de las marcadas oposiciones que su pastoral encontraba en los sectores económicamente poderosos del país y unido a ellos, toda la estructura gubernamental que alimentaba esa institucionalidad de la violencia en la sociedad salvadoreña, sumado a ello, el descontento de las nacientes organizaciones político-militares de izquierda, quienes fueron duramente criticados por Mons. Romero en varias ocasiones por sus actitudes de idolatrización y su empeño en conducir al país hacia una revolución.

A raíz de su actitud de denuncia, Mons. Romero comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos más importantes, editoriales, campos pagados, anónimos, etc., donde se insultaba, calumniaba, y más seriamente se amenazaba la integridad física de Mons. Romero. La "Iglesia Perseguida en El Salvador" se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios.

JOSE BLANCO

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