EN LA MIRA

Es el mensaje del papa francisco para esta cuaresma que es un tiempo propicio para encontrarse con una dimensión de perdón y conversión que los seres humanos necesitamos.

Para la cuaresma 2018, el papa Francisco nos propone “no dejar enfriar el al amor y la caridad”. – “Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo”.

Nos pide preguntarnos. - ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? - ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

El obispo de Roma nos señala algunas de las señales que nos ayudan a reconocer que el amor y la caridad se están enfriando:

a) ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10);

b) El rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos.

c) Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

d) También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

e) El amor se enfría también en nuestras comunidades, las señales más evidentes de esta falta de amor son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?

El pastor de la iglesia católica nos propone practicar la oración, la limosna y el ayuno para no permitir que el amor y la caridad se enfríen:

La oración: El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos

El ejercicio de la limosna: nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?

El ayuno, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Jose Blanco

 

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