EN LA MIRA

Cuenta la biblia que hace dos mil años un leproso corrió al encuentro de Jesús, Cuando lo encontró gritó: - “Jesús si quieres, puedes limpiarme.». Jesús sintió lástima extendió la mano, lo tocó, y le dijo: - “Quiero: queda limpio”.

 

La lepra era la enfermedad más temida y la que más reacción contraria producía. En tiempos de Jesús, al leproso se le echaba de casa a la calle, de la ciudad al campo y de la sociedad al sepulcro. Se le obligaba por ley a andar andrajoso y greñudo, alertar a gritos a los transeúntes y a morar en los sepulcros vacíos. Y todo porque era un enfermo de alto riesgo, que contagiaba al que tocaba, y un impuro legal sin derechos a la comunidad de culto, En la sociedad judía el leproso no era sólo un enfermo. Era, antes que nada, un PELIGRO

 

El bacilo de la lepra, conocido por el nombre de su descubridor, “Hansen”, no ha sido descubierto hasta 1874. Pero ha sido una monja francesa, Sor María Zuzanne, la que encontró el suero eficaz para combatirlo, que lleva el nombre de su descubridora, “Microbacterium Marianum”. Hoy la lepra está más controlada.

 

Jesús le da la mano, y le limpia. Le limpia de su condición de pecador, de peligroso. Salva al leproso del aislamiento y la exclusión,

 

Con su gesto, Jesús provoca una verdadera revolución. Nos revela que:

-         -Dios no usa las enfermedades para castigar.

-        -Pone en evidencia que nuestras sociedades (dentro de nuestros hogares) viven entre prejuicios y              discriminaciones.

-    -Nos hace ver que muchos de nosotros somos discriminadores: Miramos y juzgamos a los otros desde nuestra supuesta superioridad moral;

-   - excluimos a los vagabundos, las prostitutas, homosexuales, a los pecadores, a los que piensan diferentes a nosotros, los hacemos a un lado y les excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida.

 

“¡quiero quedar  limpio!”.

 

Queda limpio, es la palabra que necesitamos en nuestra vida cotidiana.

Es una palabra necesaria y que solo se la puede pronunciar con la ayuda de un Dios de misericordia.

Nuestro Dios quiere limpiar el mundo, de las exclusiones que van contra su compasión de Padre.

Muchos de nosotros vivimos bajo la sombra de un Dios falso: un Dios que excluye.

Jesús nos enseña que no es Dios quien excluye, sino nuestras leyes e instituciones.

No es Dios quien margina, sino nosotros.

Jesús quiere que aprendamos a sentir lástima de los pobres, acogerlos y abrazarlos.

No horrorizarnos ante ningún impuro ni impura, no retirar a ningún «excluido» nuestra acogida.

Los cristianos tenemos el desafío de limpiar los prejuicios, las exclusiones, las murallas que nos separan en buenos y malos, en pecadores y santos.

 

José Blanco

 

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