EN LA MIRA

 

Hace dos mil a√Īos Jes√ļs de Nazareth les dijo a sus amigos: ¬°vigilen: pues no saben cu√°ndo es el momento!.

 

Vigilen es un grito que se repite en varias oportunidades en los labios de Jes√ļs de Nazaret. Hoy, los seres humanos necesitamos releer ese grito.

Vivir vigilantes es una llamada a vivir de manera l√ļcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que parece invadirlo casi todo.

Lo primero, tal vez, es aprender a mirar la realidad con ojos nuevos. Las cosas no son sólo como aparecen en los medios de comunicación. En el corazón de las personas hay más bondad y ternura que lo que captamos a primera vista.

Es importante, adem√°s, no dejar que se apague en nosotros el gusto por la vida y el deseo de lo bueno.

Aprender a vivir con corazón y querer a las personas buscando su bien. No ceder a la indiferencia.

Vivir con pasi√≥n la peque√Īa aventura de cada d√≠a. No desentendernos de los problemas de la gente: sufrir con los que sufren y gozar con los que gozan.

Vivir vigilantes es dar su verdadera importancia a esos peque√Īos gestos que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la vida de las personas.

Hemos de reeducar nuestra mirada, hacerla más positiva y benévola. Todo cambia cuando miramos a las personas con más simpatía, tratando de comprender sus limitaciones y sus posibilidades.

No podemos cambiar el mundo pero podemos hacer que junto a nosotros la vida sea m√°s amable y llevadera. Que las personas ¬ęrespiren¬Ľ y se sientan menos solas y m√°s acompa√Īadas.

Es una invitaci√≥n a mantener despierta nuestra resistencia y rebeld√≠a, a ser diferentes. A no identificarnos con mediocridad. 

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